De madrugada han llamado, están en el rellano de la escalera; cuando les abre, la madre lleva puesta la bata. «¿Qué es lo que quiere esa gente que llama de madrugada?» «Su hijo, ¿se encuentra aquí?» «Está en su habitación durmiendo. ¿Qué desean de mi hijo?» El hijo se espapilaba. «¿Qué es lo que quiere esa gente que llama de madrugada?» La madre sabe bien poco, de todas las esperanzas de su hijo estudiante, que tan comprometido estaba. «¿Qué es lo que quiere esa gente que llama de madrugada?» Hace días que habla poco. Cada noche se agitaba y un temblor le recorría temiendo una llamada al alba. «¿Qué es lo que quiere esa gente que llama de madrugada?» Aún sin despertar del todo ya oye clara la llamada y de un vuelo al asfalto, se tira por la ventana. «¿Qué es lo que quiere esa gente que llama de madrugada?» Los que llaman enmudecen, menos un, tal vez el que manda, que se asoma al ventanal mientras la madre gritaba.
«¿Qué es lo que quiere esa gente que llama de madrugada?» De madrugada han llamado, la ley su hora señala. El estudiante está muerto, muerto de una llamada al alba. «¿Qué es lo que quiere esa gente que llama de madrugada?»
Primeraaa! De los cerros tucumanos me llevaron los caminos y me trajeron de vuelta sentires que nunca se harán olvido y me trajeron de vuelta sentires que nunca se harán olvido. Un grillo feliz llenaba su canto de azul y enero y al regresar a los llanos yo le iba diciendo mi adiós al cerro y al regresar a los llanos yo le iba diciendo mi adiós al cerro. Como ese grillo del campo, que solitario cantaba… así perdida en la noche también era un grillo, viday mi zamba… así perdida en la noche se va mi zamba, palomita. Segundaaa! A los cerros tucumanos he vuelto en un triste invierno tan sólo el monte y el río, envuelto en mis penas, pasar me vieron tan sólo el monte y el río, envuelto en mis penas, pasar me vieron. La luna alumbraba el canto, el grillo junto al camino, y yo con sombra en el alma pensaba en la ausencia del bien perdido y yo con sombra en el alma pensaba en la ausencia del bien perdido. Como ese grillo del campo, que solitario cantaba… así perdida en la noche también era un grillo, viday mi zamba…
así perdida en la noche se va mi zamba, palomita.
Yo voy como las aves cuando han perdido al hijo, y que revolotean sin encontrar consuelo, y con gritos de sangre alertan la bandada igual que si este mundo entrara en gran peligro. Y dan vueltas y vueltas sin desfallecimiento en torno del lugar donde al hijo dejaron y no les acongoja esta veracidad porque les supondría mucho mayor tormento. Desde el amanecer hasta que cae el día, con sus vueltas y vueltas inquietan el espacio, van diciendo que en ellos nunca el dolor se irá, puesto que ya jamás tendrán cerca a su hijo. Tan sólo con la noche, presos del desaliento, a su nido regresan como a torre desierta, sienten el corazón, de pronto, oscuro y frío y después van cayendo en un sueño de piedra. Pero al día siguiente, con un volar penoso, abandonando el nido, el árbol y el arroyo, continúan buscando un sitio más dichoso: pero en ningún lugar su pajarillo vive. Yo voy de esta manera, perdido de mí mismo, y también a mí mismo buscando eternamente.
Pero yo quedé mudo y es mudo mi lamento, ya que garganta abajo mi dolor se apacienta.
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